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El 77% del agua que se extrae en el país se destina a las actividades agropecuarias.

 

  CAPÍTULO 6. AGUA
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EXTRACCIÓN Y USOS CONSUNTIVOS DEL AGUA

La extracción de agua en el mundo ha crecido significativamente con objeto de abastecer a la agricultura, la generación de energía eléctrica y el consumo de una población cada vez más numerosa. En 1995, la extracción mundial de agua dulce fue de 3 mil 790 kilómetros cúbicos. En ese año, 59% de la extracción mundial correspondió tan sólo a Asia, en donde se ubican las mayores superficies de tierras irrigadas. Las predicciones señalan que la extracción global anual podría crecer entre 10 y 12% anual cada 10 años, alcanzando en el año 2025 los 5 mil 240 kilómetros cúbicos (Shiklomanov, 1999).

En México, se estima que en el 2007 se extrajeron 79 kilómetros cúbicos de agua de los ríos, lagos y acuíferos del país para los principales usos consuntivos, lo que representa 17% del agua disponible (IB 2.1-2). Siguiendo la tendencia global, la mayor parte del agua que se extrae en el país se destina a las actividades agropecuarias: 77% se utiliza para el riego de 6.5 millones de hectáreas y para los usos pecuario y acuícola. En 2006, la superficie agrícola de riego representó la cuarta parte de la superficie sembrada y generó más de la mitad del valor de la producción agrícola nacional. El uso para abastecimiento público le sigue con 14% del volumen total de agua extraída y el industrial con 9% (Figura 6.7; ver el Recuadro Huella hídrica, patrones de consumo y comercio internacional). Dentro de los usos no consuntivos del agua, en 2007 las hidroeléctricas emplearon para su funcionamiento un volumen de 123 kilómetros cúbicos de agua para generar 29 mil 700 GWh de electricidad (13% del total del país).

 

 

La distribución del agua para los usos consuntivos difiere entre países y regiones en función de su disponibilidad, del tipo y capacidad de su industria y agricultura, así como de su población y sus patrones de consumo. Por ejemplo, con respecto al abastecimiento público, las personas de los países desarrollados consumen en promedio cerca de diez veces más agua que las personas en los países en vías de desarrollo (UNESCO, 2000 citado en UNEP, 2002). En general, la distribución del agua en México para los diferentes usos consuntivos es similar a la que tienen países como Australia, Egipto y Turquía, pero difiere significativamente de la mayoría de los países desarrollados, donde la proporción destinada a usos industriales es mucho mayor, como es el caso de Canadá y Francia (Figura 6.8).

 

 

Las regiones hidrológico-administrativas del país que tienen la mayor extracción de agua son Lerma-Santiago-Pacífico, Balsas, Pacífico Norte y Río Bravo, mientras que las de menor consumo son Pacífico Sur, Frontera Sur y Península de Yucatán (Figura 6.9).

Si se analiza la extracción del agua según su origen, el mayor volumen proviene de las fuentes superficiales: considerando el agua consumida, en el año 2007 el 63% del volumen provino de estas fuentes y el restante 37% de las aguas subterráneas. Entre el año 2000 y 2007 la extracción de fuentes superficiales se incrementó 12%, pero la extracción de agua subterránea se mantuvo prácticamente sin cambios (IB 2.1-3). Existen diferencias marcadas al interior del país con respecto a la proporción de agua superficial y subterránea que se utiliza. Por ejemplo, en las regiones del Pacífico Norte, Golfo Centro y Balsas, el agua procede en mayor medida de fuentes superficiales según origen (87, 82 y 83%, respectivamente), mientras que en las regiones de las Cuencas Centrales del Norte y Península de Yucatán se utiliza una fracción considerable del agua de origen subterráneo (68 y 99%, respectivamente; Figura 6.9; Cuadro D3_AGUA03_03).

 

 

El uso de agua superficial se mantuvo con pocos cambios en la mayoría de las regiones del país entre los años 2000 y 2007. En la Península de Yucatán el uso del agua subterránea aumentó 80% en ese mismo periodo.

Si se analizan los usos consuntivos del agua regionalmente, se pueden apreciar diferencias importantes. En 2007, mientras que en la región del Pacífico Norte 93% del agua se destina a actividades agropecuarias, en la región del Valle de México (la que menos consume en el país para este uso) no alcanza 50% (Figura 6.10, Cuadro D3_AGUA03_03). Sin embargo, en lo que se refiere al agua para el abasto público, las regiones Aguas del Valle de México (46%), Península de Yucatán (22%), Pacífico Sur (25%) y Frontera Sur (21%), son las que, en proporción, asignan más agua. El agua destinada para el uso industrial en general es inferior al uso para abastecimiento público, excepto en las regiones Balsas, Golfo Norte y Golfo Centro.

 

 

El abastecimiento de agua para uso agrícola y para la industria autoabastecida a nivel nacional proviene en su mayor parte de fuentes superficiales (67 y 74%, respectivamente), en contraste con el agua que se destina al uso público, que en su mayoría proviene de fuentes subterráneas (62%). Entre 2000 y 2004 el uso de agua supercifial y subterránea para el abastecimiento público se incrementó en 50 y 20% respectivamente; mientras que en el periodo de 2000 a 2006, el uso industrial de agua superficial se duplicó (Figura 6.11, Cuadro D3_AGUA03_03). La extracción para abastecimiento público tanto superficial como subterránea, aumentó menos de 1% entre 2004 y 2006; y para uso industrial la extracción de agua subterránea aumentó casi 20% entre 2000 y 2006.

 

 

Para conocer cómo afectan los usos consuntivos la sostenibilidad de los recursos subterráneos, puede emplearse como medida la intensidad de uso, que se calcula como el cociente de la extracción de agua subterránea por la recarga media de los acuíferos. El volumen total concesionado en 2007 para los distintos usos consuntivos que provino de aguas subterráneas fue de 28.9 kilómetros cúbicos (superior 6% al volumen extraído en 2004), y que correspondió a 35% de la recarga anual estimada para el país. Esta cifra parece indicar, por un lado, un balance positivo en la explotación de las aguas subterráneas nacionales y, por otro, la existencia de una reserva aprovechable importante del líquido para el futuro. Sin embargo, cuando se analiza la situación a escala regional, el panorama es radicalmente diferente. En 2007, los valores de intensidad de uso del agua subterránea registraron déficit importantes (en los que el agua utilizada excedió la recarga) en las regiones Península de Baja California y Aguas del Valle de México, con valores de 145 y 126% respectivamente. No obstante, la región de Cuencas Centrales del Norte mostró también un déficit, calculado en el orden de 14%, (Mapa 6.5; Cuadro D3_AGUA02_01; IC 11).

 

 

La situación de las aguas subterráneas es grave en el país, debido principalmente a la fuerte explotación que se hace de ellas en muchas regiones. A partir de la década de los 70, ha venido aumentando el número de acuíferos sobreexplotados. En 1975 existían 32 acuíferos sobreexplotados, cifra que se elevó a 36 en 1981, 80 en 1985, 102 en 2003 y 104 en el 2006. Sin embargo, en el año 2007 se redujo el número a 101, lo que representa 15% de los 653 acuíferos en que se ha dividido el país. Los acuíferos sobreexplotados se concentran en las regiones hidrológicas de Baja California, Noroeste, Cuencas Centrales del Norte, Río Bravo y Lerma-Santiago-Pacífico (Mapa 6.6; Cuadro D3_AGUA02_04). De estos acuíferos se extrae 58% del agua subterránea para todos los usos (Conagua, 2007).

 

 

Además de la sobreexplotación, 17 acuíferos tienen problemas de intrusión salina (10 de ellos están sobreexplotados), sobre todo los que se localizan en las costas de Baja California, Baja California Sur, Sonora, Veracruz y Colima (Cuadro D3_AGUA02_03; IB 2.1-7). En amplias zonas de riego, la sobreexplotación de los acuíferos ha provocado que los niveles de agua subterránea hayan descendido decenas de metros, como es el caso de los acuíferos de Maneadero y Camalú en Baja California, que tienen registradas disminuciones del nivel estático de más de 12 metros en la zona cercana a la costa, lo que además ha favorecido la intrusión del agua salada del mar y la disminución de la calidad de su agua.

 

Escenarios futuros

El problema fundamental con la disponibilidad del agua es que la cantidad del líquido es prácticamente invariable y no así la demanda de una población creciente que requiere mayor cantidad de alimentos, productos manufacturados y energía. El tema de la escasez es por tanto uno de los más importantes de la agenda ambiental global. Las Naciones Unidas (2007) reconocen cuatro fuerzas fundamentales que podrían incrementar la escasez de agua en las décadas siguientes. La primera de ellas corresponde al crecimiento de la población. En 2005, la población mundial alcanzó los 6 mil 400 millones, esperando que para el año 2050, la población del mundo podría contabilizar los 8 mil 900 millones de personas, lo que reducirá significativamente la disponibilidad per cápita. Se estima que en el 2025 cerca de mil 800 millones de personas vivirán en países o regiones en condición de completa escasez de agua, mientras que dos terceras partes de la población mundial podrían estar sujetas a condiciones de estrés hídrico (UNEP, 2007).

Para el caso de México, la disponibilidad per cápita en 2007 fue de 4 mil 312 metros cúbicos, que para 2030 se reducirá a tan sólo 3 mil 783 por habitante por año (Conagua, 2008). A nivel regional, en 2006 los habitantes de tres regiones hidrológico-administrativas presentaron ya una disponibilidad per cápita clasificada como muy baja, y la región Aguas del Valle de México se encontraba en la categoría de extremadamente baja. Para el año 2030, considerando que la disponibilidad natural se mantendrá constante, los pronósticos señalan que dos regiones más, las de la Península de Baja California y Río Bravo, se integrarán a la lista de las regiones con categoría de disponibilidad extremadamente baja, mientras que las regiones Balsas y Cuencas Centrales del Norte (actualmente con disponibilidad per cápita baja) tendrán una disponibilidad catalogada como muy baja (Tabla 6.3).

 

 

La segunda causa de la escasez de agua se encuentra la creciente urbanización de los países, la cual podría exacerbar el problema en virtud de la mayor demanda de una mayor población más concentrada (UN, 2007). En 1950, de los 2 mil 500 millones de habitantes del planeta, tan sólo el 29% vivía en zonas urbanas, mientras que el restante 71% (alrededor de mil 800 millones de personas) habitaba zonas rurales. Para el año 2050, según estimaciones, la situación se invertirá: cerca del 70% de la población global (6 mil 400 millones) vivirá en ciudades, y el resto (30%, es decir, 2 mil 790 millones de personas) ocupará las zonas rurales (UN, 2008). México ha seguido un patrón de urbanización similar al mundial. En 1970, el 51.7% de la población vivía en zonas urbanas, y se incrementará hasta 68% en el año 2030 (Conapo, 2006; Reyna y Hernández, 2006), lo cual podría incrementar, en las regiones más urbanizadas, como el centro y poniente del país, la condición crítica de abasto de agua.

En tercer lugar como fuerza impulsora de la escasez de agua se encuentra el consumo per cápita. En la medida que el desarrollo económico eleva el estado de bienestar de los países, el consumo por habitante tiende a crecer (UN, 2007). Finalmente, mientras los factores anteriores modifican la demanda del líquido, el cambio climático tendrá un efecto importante alterando la disponibilidad a nivel mundial. Si el cambio climático sigue los escenarios proyectados, se observará un clima más errático en el futuro, lo que supondrá una mayor variabilidad en las precipitaciones, riesgo para las cosechas agrícolas y el suministro a la población.