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La apropiación humana de la productividad primaria neta terrestre mundial se estima en 23.8%, de la productividad de la plataforma oceánica, principalmente por las pesquerías industriales, en 35%, y del agua de escurrimientos en 54%.

 

 

En 2005, la superficie terrestre necesaria para atender las necesidades humanas excedió en 30% la superficie disponible.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En México, el IDH en 2004 fue de 0.8031 y la huella ecológica, en 2005, de 3.4. Con estos valores nos encontramos en el grupo de países con déficit ecológico e IDH alto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Objetivo 7 de los Objetivos de Desarrollo del Milenio establece la necesidad de asegurar la sostenibilidad del medio ambiente, teniendo como metas la incorporación de los principios de desarrollo sostenible en las políticas y los programas nacionales y la reducción de la pérdida de recursos naturales y de la diversidad biológica.

 

 

  CAPÍTULO 1. POBLACIÓN
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ACTIVIDADES HUMANAS Y AMBIENTE

Aunque la biomasa de la población humana no llega a 1% del total de la biomasa de los heterótrofos5 que habitan el planeta, es el principal consumidor de sus recursos. La apropiación humana de la productividad primaria neta terrestre mundial se estima en 23.8% (Haberl et al., 2007), de la productividad de la plataforma oceánica, principalmente por las pesquerías industriales, en 35% (Pauly y Christensen, 1995), y del agua dulce accesible en 54% (Postel et al., 1996).

Según la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio (2005), en los últimos 50 años, los seres humanos han cambiado los ecosistemas más rápida y extensamente que en cualquier periodo comparable de la historia humana, en gran parte para satisfacer las demandas crecientes de alimento, agua, madera, fibras y combustibles. Estos cambios han generado ganancias sustanciales netas en el bienestar humano y el desarrollo económico, pero con consecuencias negativas ambientales que no están incluidas en el costo de producción. Por ejemplo, en la agricultura tecnificada, la producción de alimentos no incluye los daños fuera de sitio como la eutrofización de los cuerpos de agua provocada por la lixiviación de los fertilizantes y agroquímicos; o en el sector transporte, el precio de los combustibles no contempla los problemas de salud asociados a las emisiones de monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y demás contaminantes.

Una de las formas en que se ha evaluado la presión humana sobre los ecosistemas es a través de la llamada huella ecológica. La World Wildlife Fund (WWF, 2008) la definió como un indicador de la demanda humana sobre los ecosistemas en términos de la superficie agrícola, pecuaria, forestal y de zonas pesqueras; así como el área ocupada por la infraestructura y los asentamientos humanos y la requerida para absorber el bióxido de carbono liberado por la quema de combustibles. La huella ecológica de un individuo, de un país o mundial es la suma de las hectáreas globales6 de todas estas superficies (Mapa 1.10). La huella ecológica no incluye el consumo de agua dulce porque su demanda y uso no se pueden expresar en términos de hectáreas globales, aunque ya hay una propuesta semejante llamada “huella hídrica” (ver el capítulo de Agua).

 

 

La diferencia en hectáreas globales entre la huella ecológica y la biocapacidad7 de un país muestra la existencia de una deuda o un crédito ecológico de sus recursos naturales. En 2005, la biocapacidad estimada del planeta fue de 13.6 millones de hectáreas globales o 2.1 hectáreas globales por persona; y la huella ecológica para el mismo año fue de 17.5 millones de hectáreas globales o 2.7 hectáreas globales por persona. Esto significa que la superficie necesaria para atender las necesidades humanas excedió a la superficie disponible en 30%, lo que muestra claramente condiciones de no sustentabilidad en el uso de los recursos naturales.

A nivel regional, América del Norte tiene el déficit más alto, ya que un habitante promedio utiliza 2.7 hectáreas globales por arriba de las disponibles en esa región; le sigue la Unión Europea, con un déficit por persona de 2.4 hectáreas globales. En el otro extremo está América Latina en su conjunto, con un crédito ecológico promedio de 2.4 hectáreas globales por persona. Si se considera a México de manera independiente, somos un país con déficit ecológico, con una huella de 3.4 hectáreas globales por persona y una biocapacidad de 1.7, es decir, un déficit de 1.7 hectáreas globales por persona. La huella ecológica de México en 2005 fue la número 43 a nivel mundial (ver el Recuadro La huella ecológica de México).

En 2005, 85 países del mundo tenían déficit ecológico, el cual incluyó el consumo de recursos naturales externos a su territorio o la sobreexplotación de los propios. Dentro de este grupo se encuentran los 23 países que en 2005 tuvieron más de 20 mil dólares de PIB per capita anual; pero también hay 22 países con menos de mil dólares de PIB per capita anual (World Bank, 2008). Sin embargo, aunque muchos países pobres tienen déficit ecológico, los países más  desarrollados son los que controlan el acceso a la mayor parte de los servicios ambientales, los consumen a mayor tasa, y además están protegidos contra los cambios en su disponibilidad gracias a que pueden importarlos de otras regiones del mundo, debido a su capacidad económica. Cabe señalar que el crédito ecológico que muestran muchos países, tanto desarrollados como no desarrollados, no necesariamente significa que sus recursos están bien manejados y que no son susceptibles a la degradación (Mapa 1.11).

 

 

En términos generales, los países que tienen IDH alto tienen huellas ecológicas por arriba de la biocapacidad promedio mundial (2.1 ha globales por persona), es decir, tienen déficit ecológico, lo cual significa que su desarrollo económico y social no está asociado a un manejo sustentable de sus recursos naturales.

México se encuentra en esta situación, con IDH de 0.8031 (en 2004) y huella ecológica de 3.6 (en 2005). Los casos más extremos son Emiratos Árabes Unidos y Estados Unidos, que tienen las huellas ecológicas más grandes del mundo (9.5 y 9.4 hectáreas globales por persona), y al mismo tiempo se encuentran dentro del grupo de países con mayor IDH (0.868 y 0.951, respectivamente). En el otro lado se encuentran los países cuya huella ecológica está por debajo de la disponibilidad promedio mundial (tienen crédito ecológico) pero su IDH es bajo, como muchas naciones del África subsahariana (Figura 1.10).

 

 

Dentro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ONU, 2008) se establece explícitamente la sostenibilidad ambiental (Objetivo 7) como un componente del desarrollo a la par de objetivos relacionados con la salud, educación e igualdad de las personas. Aunque en la propuesta original las metas relacionadas con el tema ambiental eran muy generales, en el año 2007 se propuso una ampliación que ya incluía temáticas como el cambio climático (a través de las emisiones de gases de efecto invernadero), la protección de la biodiversidad (especies amenazadas o en riesgo de extinción) y a las poblaciones de ambientes acuáticos. Esto muestra el reconocimiento de la importancia del componente ambiental en el desarrollo sostenible. De hecho, se reconoce que la posibilidad de cumplir algunos de los objetivos sociales (por ejemplo, la reducción de algunas enfermedades) requieren de un ambiente no deteriorado.

El reto hacia el futuro es alcanzar el desarrollo social y económico de las sociedades sin que esto implique una reducción mayor del valioso capital natural del que aún se dispone. De esta manera, la conservación del ambiente, la promoción del desarrollo humano y la mitigación de la pobreza son tareas que para ser efectivas deben planificarse de manera paralela y conjunta. Para alcanzar las metas antes señaladas es necesario poner en práctica esquemas novedosos que conjuguen la protección ambiental con efectos positivos para los más pobres (por ejemplo, el pago de servicios ambientales) que fomenten el desarrollo social y que al mismo tiempo, resulten benéficos o al menos no nocivos para los ecosistemas (como el ecoturismo planificado).

Notas

5Los heterótrofos son organismos que obtienen su energía de otros organismos.

6La hectárea global es una hectárea con la capacidad biológica para producir recursos y absorber desechos sin importar el país donde se encuentre o si está ocupada por desiertos, selvas o hielos perpetuos.

7La biocapacidad es el área biológicamente productiva de tierras agrícolas, praderas, bosques y zonas pesqueras que está disponible para satisfacer las necesidades humanas. La biocapacidad de un país está determinada por el tipo y cantidad de hectáreas biológicamente productivas dentro de sus fronteras, así como de su rendimiento promedio.