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En el año 2002, 72.6% del país estaba cubierto por comunidades naturales con distinto grado de conservación; la superficie restante ha sido convertida a terrenos agropecuarios, urbanos y otras cubiertas antrópicas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los matorrales son la formación vegetal predominante en el país (26.1% del territorio), seguidos por los bosques y selvas que, en conjunto, ocupan 33.6%.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los estados que a la fecha han transformado más intensamente sus ecosistemas terrestres a terrenos agropecuarios son Veracruz, Tlaxcala y Tabasco.
  CAPÍTULO 2. ECOSISTEMAS TERRESTRES
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La situación geográfica de México, su variedad de climas, topografía e historia geológica han producido una de las riquezas biológicas más impresionantes del mundo. Ésta queda manifiesta en la gran diversidad de comunidades vegetales que pueden encontrarse en su territorio continental e insular, y que van desde las propias de zonas alpinas, hasta aquéllas de dunas costeras y humedales, pasando por matorrales xerófilos, bosques templados, selvas humedas, bosques mesófilos de montaña y pastizales naturales.

Los ecosistemas en general, y los terrestres en particular, han sido el sustento de las poblaciones humanas desde sus albores: han provisto de multitud de bienes, como alimentos (carnes, frutos, verduras y condimentos), madera para construcción, leña, papel y fibras para telas, entre muchos otros. Además deben mencionarse los servicios ambientales que proveen, como son los de la purificación del aire y el agua, la generación y conservación de los suelos, la descomposición de los desechos, el reciclaje y movimiento de nutrimentos, la protección de las costas ante la erosión del oleaje, la estabilización parcial del clima y el amortiguamiento de los climas extremos y sus impactos, por citar sólo los más importantes.

Sin embargo, el enorme crecimiento poblacional global ocurrido durante el siglo XX, acompañado por el intenso desarrollo industrial y urbano, trajeron consigo la mayor transformación de los ecosistemas terrestres registrada por el hombre. Enormes superficies de ecosistemas fueron degradadas o transformadas en zonas de cultivos y potreros, o bien, abiertas para el establecimiento y desarrollo de poblados, ciudades y de infraestructura de caminos, eléctrica y de almacenamiento de agua. Se calcula que la magnitud de esta transformación podría alcanzar entre 33 y 50% de la superficie terrestre mundial (Vitousek et al., 1997).

México no ha sido la excepción en este proceso de degradación y pérdida de ecosistemas terrestres. Una importante proporción de su superficie se ha transformado en campos agrícolas, pastizales y zonas urbanas y rurales. De algunos ecosistemas que anteriormente cubrieron amplias zonas del territorio, hoy quedan reducidos remanentes en condiciones primarias y amplias superficies degradadas. Este capítulo hace una descripción del estado actual de los ecosistemas terrestres nacionales, con particular énfasis en los procesos y factores que han promovido su transformación en las décadas recientes. Se ha incluido también una sección con los aspectos relativos a su uso, principalmente en lo que a la explotación de productos forestales maderables y no maderables se refiere. El capítulo finaliza con una sección que trata sobre las respuestas gubernamentales encaminadas hacia la conservación de la cubierta vegetal remanente, así como aquéllas dirigidas hacia la recuperación y el uso sustentable de los recursos naturales que se encuentran en los ecosistemas terrestres nacionales.

 

LA VEGETACIÓN NATURAL Y EL USO DEL SUELO EN MÉXICO

A la forma en la que se emplea un terreno y su cubierta vegetal se conoce como “uso del suelo”. La evaluación más reciente de los usos del suelo en México es la Carta de uso del suelo y vegetación Serie III, a escala 1:250 000, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y que describe la vegetación en el año 2002. La Serie IV, que incluirá información sobre el uso del suelo y la vegetación en el 2007 (en escala 1:250 000), estará disponible durante el año 2009. Dado el número de tipos de vegetación y usos de suelo presentes en esta carta, su agregación con fines de análisis resulta indispensable. En la Tabla 2.1 se muestra esta agregación, junto con sus respectivas superficies en el país y las extraídas de otras cartas de uso del suelo anteriores para los años de 19761 y 1993 y la de la vegetación potencial. Mayores detalles acerca de las características de algunos tipos de vegetación natural pueden consultarse en el Recuadro La vegetación de México.

 

 

 

 

De acuerdo con esta carta, en el 2002, 72.6% del país estaba cubierto por comunidades naturales; el restante había sido convertido a terrenos agropecuarios, urbanos y otras cubiertas antrópicas (Figura 2.1). Sin embargo, la vegetación natural remanente no permanecía inalterada por el hombre: 48.6% del territorio (67.2% de la vegetación remanente) conservaba vegetación primaria (es decir, aquélla que conserva la mayoría de las especies del ecosistema original, no presenta perturbación considerable y que es, en principio, la de mayor importancia por su biodiversidad y provisión de servicios ambientales), siendo las selvas, en general, la formación más afectada (sólo 35.4% de su superficie correspondía a selva primaria; Mapas 2.1 y 2.2). A manera de comparación, en el mundo tan sólo 36% de los bosques2 existentes son primarios (FAO, 2005).

 

 

 

 

De la superficie remanente con vegetación natural, los matorrales son la formación predominante (26.1% del territorio); de su superficie actual al menos 8.1% es secundaria, aunque ésta podría ser mayor puesto que muchas áreas están sujetas a la ganadería extensiva. Por su parte, los bosques y selvas ocupan, en conjunto, 33.6% del territorio nacional, siendo la superficie cubierta por selvas primarias menor a la de los bosques primarios (11.7 y 22.1 millones de hectáreas, respectivamente; Figura 2.2).

 

 

Los estados con mayor proporción de su superficie cubierta por vegetación natural (sin considerar su grado de conservación) fueron Baja California Sur (93.5%), Quintana Roo (92.7%), Coahuila (92%), Baja California (90.9%), Chihuahua (89.3%) y Sonora (87.7%), con más del 80% de su territorio. En contraste, en Tlaxcala (18.2%), Veracruz (19.8%), Distrito Federal (28%), Tabasco (29.3%), Morelos (34.6%) y México (34.8%), la vegetación natural cubre menos del 35% de su superficie (Mapa 2.3).

 

 

En general, los estados que conservan una alta proporción de su cubierta natural lo hacen con un importante porcentaje de vegetación primaria (Figura 2.3). Por ejemplo, 97.3% de la vegetación natural remanente de Baja California Sur (que cubre el 93.5% del estado) es primaria. Sin embargo, existen importantes excepciones a esta tendencia, es decir, estados con grandes superficies de vegetación natural remanente en condición secundaria: Quintana Roo (que tiene tan sólo 33.8% de su vegetación remanente en forma primaria), Campeche (26.8%) y Yucatán (5.7%). Tlaxcala, por el contrario, tan sólo conserva 18.2% de su cubierta vegetal, pero de ella cerca del 63% se considera primaria.

 

 

La conversión de los ecosistemas naturales a tierras productivas ha sido particularmente intensa en la costa del Golfo y el centro del país. Los estados que han transformado más intensamente sus ecosistemas para dedicarlos a actividades agrícolas y pecuarias son Veracruz (75.5% de su superficie), Tlaxcala (74%) y Tabasco (64.6%; Mapa 2.4). Por el contrario, los estados con menores superficies agropecuarias son Baja California Sur (2.6%), Quintana Roo (5.3%), Coahuila (6.1%) y Baja California (6.4%).

 

Notas

1Aunque la Carta de uso del suelo y vegetación Serie I hace referencia al año 1976, se empleó para su elaboración información de prácticamente toda la década de los años setenta.

2Para la FAO, los bosques son las tierras que abarcan más de media hectárea de superficie con una cubierta de árboles cuya altura es superior a los 5 metros y con una cubierta de copas de al menos 10%, o con árboles capaces de alcanzar estos límites mínimos in situ. La definición no incluye la tierra sometida a usos predominantemente agrícolas o urbanos. Por lo anterior, las categorías de bosques y selvas del sistema de clasificación empleadas en este capítulo quedan incluidas en la definición de los bosques de la FAO.